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ELADIO CABAÑERO - LA GENERACIÓN DE LOS 50 -

Conocí su obra de una forma casual. Era prácticamente un crio que se gastaba sus pocos duros en libros. Cuando los tenía me perdía en una librería bastante pintoresca que había cerca de casa (de eso hablaré otro día, por que el tema lo merece). Ese día salí con un tomo de dimensiones poco convencionales cuyo título rezaba "La generación de los 50, la generación perdida". Dentro de ese tomo amarillo encontré a Eladio Cabañero... y mucho mas. Hoy hablaremos de él.
Eladio Cabañero nació en el corazón de esa Mancha que Don Quijote dibujó paso a paso con su caminar. Su padre, fotógrafo y maestro, había sido militante socialista y presidente de la Casa del Pueblo. Tan pésimo curriculum en la España vencida le llevó al paredón. Fue fusilado tras la guerra civil, en 1940. Eladio fué enteramente autodidacta. Durante su niñez y primera juventud se dedicó a trabajar
en el campo y a la albañilería, primero como aprendiz y luego como oficial. Se trasladó a Madrid en 1956 y estuvo empleado en la Biblioteca Nacional durante 12 años. Trabajó 10 años en la Editorial Taurus. Fue redactor jefe de La Estafeta Literaria y de la revista Nueva Estafeta hasta su desaparición. En 1963, fue incluido en la antología Poesía última de Francisco Ribes, donde también aparecen poemas de Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente y Carlos Sahagún, autores que conforman el grupo poético madrileño que se dio a conocer en la década de 1950-1960, al que los críticos bautizaron con el nombre de generación de los 50. Entre los premios obtenidos por Cabañero se encuentran el Juventud, por su poema 'El pan', un accésit al Premio Adonais, el Premio
Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica. Pocos como Eladio Cabañero han sabido captar la árida dulzura de las tierras manchegas. Su obra canta con ternura el paisaje y las gentes de su Tomelloso natal con un emocionado lirismo, al tiempo que desarrolla otros temas constantes de su lírica como el amor, la soledad, el desvalimiento, la queja ante la injusticia.


De la generación de los 50 decir que es una generación literaria, mayormente poetas. Les unen la reivindicación social con una nueva lírica y preocupación por el lenguaje. Incorporan reflexiones metafísicas y filosóficas en sus obras. No siguen una línea academicista. Su condición de intimistas le une también. Influenciados enérgicamente por algunos miembros de la generación del 98, especialmente de Antonio Machado. En la segunda etapa de esta época los novelistas, consideran que su papel como escritores les obliga a denunciar las miserias e injusticias sociales.
El periodo coincide con una cierta apertura del régimen franquista y con la traducción por vez primera de muchas obras de autores extranjeros. Entre los más destacados miembros de esta generación figuran José Manuel Caballero Bonald, Rafael Sánchez Ferlosio, José Hierro (aunque algunos autores lo sitúan en un periodo anterior), Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Ignacio Aldecoa, Eladio Cabañero, Carlos Sahagún, Antonio Gamoneda, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez y Francisco Brines, entre otros. La mayoría de ellos tienen algo en común.... una niñez rota por una guerra fraticida. Creo que es un claro ejemplo de la influencia que tienen los matices biográficos de un autor con repecto a su obra.



La generación del 50: De izquierda a derecha, CARLOS BARRAL, J.L. CABALLERO BONALD,

LUIS MARQUESÁN, JAIME GIL DE BIEDMA, ÁNGEL GONZALEZ Y JUAN FERRATÉ.

ANTE LA TUMBA DE ANTONIO MACHADO - 1959 - COLLIURE.





Con este poema suyo comenzó mi conocimiento de él. Después necesité saberlo todo.

La despedida

«Adiós, hijo, ya no nos volveremos a ver.»
(«De una carta de mi padre».)

Como el olvido es malo, nunca olvido;
han pasado estos años... Ahora veo
que es necesario hablar de despedirnos,
de un documento extraño que se firma
para dejar de ver a los que amamos.

A solas pienso: «esto tan ancho sé que no es el mundo,
ni esta sed, este silencio;
la gran apuesta, la esperanza .
de la victoria entre pared y pared tampoco».

A todo esto, padre,
verás cómo no puedo despedirme.
La vida es la noticia que no se puede olvidar
más fácilmente;
verás cómo no puedo decir nada.
Vivir, seguir
esta perdida apuesta es lo que importa
aunque estemos en medio de la calle
sin nada que vender ni que ponernos.
(Entre las cosas viejas de la casa
tu tapabocas roto, tu boina,
ropas tuyas
tan cargadas de tiempo; y aquella carta
que pareciera cursi si no fuera
porque es tan de verdad.) A todo esto...

«Hay que ser generosos,
los demás están solos, necesitan
que alguien se ocupe de ellos
porque el amor más mínimo les falta;
amamos poco al hombre», tú me dices.
Leo tu carta pensando
que siempre he sido un torpe y que no he visto
cómo eras tú hasta ahora que me faltas.
Aquellos ojos en mis ojos, música
entre los dos, y aquellas manos,
no los pude apreciar porque hasta entonces
vivíamos sin un luto.

Bien recuerdo las cosas:
si íbamos a comer, estaba madre
atareada y fuerte entre nosotros;
bien lo estoy recordando...
nos iba así la vida y yo era un niño
en libertad en las calles de su pueblo
que mirando a su abuelo pensó en Dios.

No amamos bien al hombre.
Recordando aquel pan y aquella cárcel,
viéndote emocionado,
fiado en la verdad, claro, indefenso,
he vuelto a deshacer la despedida
para que ser tu hijo sea decirte
que no estás sin amor .

No me despido.
La temblorosa rúbrica de irse
hoy la recojo de tus manos, padre;
que no te olvido en la desgracia, no.
Sosténme,
sepa tu corazón, si ahora me escuchas,
que eres más bueno cada vez y que amo
la pequeña limosna de mi vida
antes de despedirnos para siempre.


Fuentes: wikipedia, colección personal.Fotos: hemeroteca ABC.

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